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  • Haydée Zayas-Ramos

Él casi la mata


El insomnio y el dolor en el pecho (cuando van rondando las 10:00 pm) no son efecto de la pandemia, que sabemos que ha traído lo suyo…

Hace algunas noches atrás estaba a punto de irme a la cama cuando escuché gritos de auxilio desde la avenida.

Al asomarme me encontré con la terrible escena de un carro detenido, la mujer intentaba bajarse y Él la halaba y la metía a la fuerza en el auto. Cuando lograba abrir la puerta nuevamente, antes que su cuerpo, salían sus gritos.

—¡Auxilio, auxilio!

Llamé inmediatamente al 911. Mientras me preguntaban datos de lo que estaba presenciando se me escurrían las lágrimas. En medio de mi llamada el hombre movió el carro. Ahora estaban justo detrás de mi casa. Entonces pude ver -y notificar- que había un menor en el asiento de atrás. Mientras lo escribo, otra vez siento el miedo y la rabia atravesados en la garganta.

Ella intentó bajarse y de un tirón violento Él la metió al carro.

Él la empezó a golpear y veo que ella se defiende.

El Nene en el asiento de atrás se metió entre los dos para tratar de parar los golpes.

Él gritaba y gesticulaba de forma violenta.

En el asiento trasero vi una luz roja. Me imaginé que el Nene jugaba un doble juego: el que veía en la pantalla del celular y pretender que nada sucedía en el asiento del frente.

Supuestamente la policía venía de camino.

—¿Tardarán mucho? Él le sigue dando.

—Van urgente, pues hay un menor en la escena —me asegura la operadora.

El hombre volteó y miró en dirección a mi casa.

¿Me habrá visto?

¿Vio la luz de mi celular?

¿Y si tiene un arma y me dispara a mí primero?

La policía no llega, ¡carajo!

Volvió a mirar hacia mi casa, o tal vez hacia el cielo, o quizás solo evitaba mirarla a Ella.

Entré, cerré todo y apagué las luces.

Seguí acompañándola desde la ventana.

Continuaron los golpes y el Nene otra vez al medio.

Se fueron y la policía jamás llegó.

Desde entonces me pregunto con cuántos moretones amaneció el Nene. Desde qué edad ha tenido que presenciar eso. ¿Ya habrá grabado en sus entrañas que así es que se tratan a las mujeres o crecerá como un adulto respetuoso, justo para no parecerse a Él?

Esa noche cuando conseguí dormir, lo hice rogando que Ella amaneciera viva al otro día y el Nene también. Me dormí suplicando que no saliera en los periódicos como una víctima más. Me dormí deseándole -y sigo- que encuentre la fuerza, la oportunidad y el apoyo para salir de ese círculo.

Rogando que algo cambiara en Él que lo hiciera aprender que Ella no es un saco de boxeador para entrarle a golpes. Que Ella tiene criterio y si Él no está de acuerdo le toca reflexionar, entender o irse, pero NO maltratar. Que pensara en el ejemplo que le da al Nene y el daño que le causa a todos su conducta abusiva.

Llevo días pensando que por más sensibles y solidarias que seamos, nadie que no lo haya vivido, puede imaginar el dolor, el horror y los efectos de la violencia de género.

¿Cuándo Ellos aprenderán que las mujeres no somos desechables?


Pd – Dos días después de haber redactado el primer borrador se declaró el estado de emergencia por violencia de género. Parte de lo que propone es crear una aplicación para los celulares donde las víctimas pueden contactar a la policía o entidades de ayuda sin que se registre ese trámite. Así el agresor no se entera. Sigo pensando en Ella y en el Nene y en lo útil que les hubiera sido la aplicación esa noche, porque aunque yo llamé al 911 inmediatamente, no pude seguirles la pista ni tener idea de a dónde Él se los llevó.


©Haydée Zayas-Ramos, 2021


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